lunes 29 de junio de 2009

Música en el patíbulo

- Padre, por favor –dijo el hombre con voz ronca- dejadme cumplir mi último deseo.
- Hijo mío –dijo el párroco- no sé si...
- Padre, mi último deseo...
El padre confesor fue corriendo a comunicar el mensaje al Dogo, que, sentado en su silla sobre la tarima que presidía la plaza, taladró con su mirada al que iba a ser ajusticiado; luego, se levantó pesadamente y habló al verdugo con voz grave y potente:
- Señor verdugo, queda suspendida la ejecución por unos momentos, durante los cuales el acusado expondrá su última gracia.
El verdugo soltó al hombre, que cayó de bruces balbuceando palabras de agradecimiento. Un instante después, se levantó con presteza y se dirigió al populacho y al Dogo, ya sentado en la silla otra vez.
- Pueblo de Venezia, gran Dogo, sólo os pido una última gracia, mi último deseo, que consiste sólo en dejarme tocar por última vez en mi amado instrumento una pieza.
Ante las sencillas, pero emocionantes palabras pronunciadas por aquel músico extranjero al que todos conocían por su sonado proceso público y que todos habían seguido con interés, el populacho no supo sustraerse. Pronto los guardias del Dogo trajeron el instrumento, más grande que lo habitual, pero hermoso. El hombre, llamado Amati, lo acarició con cuidado:
- Estás bien, estás bien... –murmuraba.
Le trajeron un taburete en el que Amati se sentó.
Pequeño, encogido sobre sí mismo, el hombre colocó aquel arco de violín (salido de algún rincón) sobre las gastadas pero brillantes cuerdas de su instrumento; luego, comenzó a tocar.
Al principio fue como la leve brisa. Luego los sonidos comenzaron a elevarse, a encogerse, a ganar velocidad... y dejaron ver a la gran figura que había dentro de aquel pequeño cuerpo. Tras unos minutos que parecieron horas, los vibrantes sonidos se convirtieron en... nada. Luego el hombre se irguió lentamente, conservando aún su majestuosidad. De pronto, el brusco movimiento de los sicarios del verdugo rompió el silencio mortal que flotaba sobre la plaza; en efecto, uno de los guardias había dado un paso al frente y había arrebatado con una brutalidad inesperada el instrumento al creador. El verdugo, sin embargo, ayudado por el otro guardia, se agarró rápidamente a Amati y le colocó la cabeza sobre el tocón del árbol. Un instante más tarde levantó la gran hacha resplandeciente e hizo que, silbando cual venenoso reptil, cayera sobre el cuello de Amati separándolo en dos mitades irregulares, de las que brotó un chorro de encarnada sangre. Horas más tarde se lanzó al fuego el instrumento, alegando que “estaba maldito”.

miércoles 24 de junio de 2009

Literatura: relato

DIARIO
1853
-Noviembre: Oxford,Inglaterra. Disfruto de la Sonata en Si menor de Liszt. ¡Qué maravilla! Por suerte la música me distraerá: hay rumores de que en Crimea se va a producir una guerra. Siempre seguiré estando al servicio de Inglaterra pero Rusia me ofrece más posibilidades de curar a mi madre, ya que tienen mejores médicos. Diciembre: Mi madre ha muerto. Ya no me importa nada: ni mi mejor amigo Francis, ni Marie… nada.

1854
-Enero: Nos han llamado para luchar por la patria a Crimea. Hemos establecido el campamento base en la ciudad ucraniana de Jersón, cerca de Crimea. Como soy sargento he hecho amistad con otros oficiales, en especial con el cabo furriel Edgar Brown.
-Febrero: Los soldados están desmoralizados porque se nos han unido los franceses. Hoy, día 27, he conocido a Thomas, hermano de Edgard. Es un fanático: haría cualquier cosa por Gran Bretaña. No podré volver a escribir en varios meses, ya que reina la agitación en el campamento.
-Abril: Me ha llegado una funesta nueva; me ha asestado un nuevo golpe la ingrata vida. Marie se ha ido con Francis. Creo que pronto va a haber una batalla.
-Julio: Ha tenido lugar una batalla cerca de la desembocadura del Alma. Estoy tan harto de Inglaterra (porque este país solo me ha aportado desdichas) que me he pasado al bando ruso. Pero Thomas Brown me ha descubierto y ha tratado de cortarme el paso, razón por la cual me he visto obligado a hundirle el sable hasta la empuñadura; luego he marchado (¡por fin!)con los rusos, que me han acogido bien, y me he ido a Sebastopol con ellos.

1855
-Febrero: No he podido escribir: los rusos me han tenido bajo vigilancia. Pero ya confían en mí, ahora soy de los suyos.Hoy nuestros enemigos han atacado Sebastopol. Al ver el gran número de hombres en las filas de las tropas franco-británicas, sobrecogido por el miedo, me he buscado un escondite, pero hasta allí han llegado mis enemigos y, en defensa propia, los he matado. Después, como si emulase a un loco, he corrido por las calles de la ciudad hasta que he chocado de bruces con...Edgard, y el ex-cabo furriel(ya que ostenta ahora orgulloso las insignias de coronel)me ha gritado con furia
-¡Perro traidor!¡Mataste a mi hermano, y pagarás por ello con tu vida!
Tras decir esto se ha arrojado sobre mí. Yo, con toda la sangre fría y entereza que me quedaba, le he atravesado la caja torácica con la hoja de mi tizona, apagando así el fuego que ardía en sus ojos. De pronto han llegado muchos anglosajones,a los que les he contado un hatajo de mentiras: en la batalla me quitaron el sable, con el que parecer mataron a Thomas, y me hicieron prisionero. Hoy, durante mi cautividad pude escapar gracias a la inesperada ausencia de mis custodios. Tras vagar por las calles de Sebastopol, encontré al coronel e intenté ayudarle, pero murió en mis brazos, desangrado por las múltiples heridas que le causaron los malditos rusos.

1857
-Mayo: Me he establecido en Cabo Verde, tengo tiempo, mujer e hijos y regento una taberna. Tengo tiempo suficiente para pensar en los sucesos que me acontecieron en la guerra de Crimea, por eso veo que solo hay una solución para el deshonor en el que estoy sumido:me inmolaré esta noche en el río , con una palabra en el pecho, PERDÓN, para que cuando esté junto a aquel cabo, que antaño fue mi amigo, vea que me arrepiento de mis crímenes.

John Seward
Éste es un blog con el que se pretende, a la manera de cierta editorial italiana, crear un lugar de reunión intelectual abierto a todos, y en el que se promocionarán las artes y las ciencias.